La respuesta con sus propios ojos:


¿Aquí hay que escribir algo interesante, divertido, ocurrente, filosófico, existencial u original?. Creo no cumplir el objetivo.
A propósito de la venida de Xzibit a Chile se me vino a la memoria la película Almost Famous. El filme relata la historia de un adolescente fanático de la música que tiene la oportunidad para escribir en la Rolling Stone. Para ello sigue de cerca, muy de cerca, a uno de sus grupos favoritos. Transformándose en uno de ellos y viviendo lo que vive un Rock Star en alguna gira.
El Joker de Batman The Dark Night es un niño de pecho a su lado. Si Freddy Krueger caminara solo a las 05:00 horas ten por seguro que cruzaría a la vereda de enfrente si ve que ella se acerca a pasos agigantados. Cuando querían hacer dormir a Hannibal Lecter su madre le decía que si no cerraba sus ojos vendría ella a buscarlo. Imaginen que la madrastra de La Cenicienta fue su nana y que Darth Vader tiene esa voz ronca porque ella le quito sus remedios para la garganta. Ella mató a la mamá de Bambi y le escondió el Bong a Vasayr. En simples palabras: una malvada.
Si fuera un personaje de comic lo más probable es que no existirían los superhéroes o heroínas que se atreviera a enfrentarla, ya que a través de sus ojos transmite el odio que acoge su alma. Su pelo rizado esconde los más maquiavélicos planes en contra de sus compañeros y el tono de voz sureño no quita la fiereza de sus viperinas palabras.
La nueva “Chucky” de la televisión chilena ya había participado en un show de similares características. De hecho, se alzó como la ganadora del reality “Granjeras” del mismo canal y es que además de ganarse el odio y la animadversión de sus compañeras se guardó en el bolsillo la no despreciable suma de 50 millones de pesos. Un premio que consiguió en base a sus atributos físicos y un admirable sentido de confianza. Dijo que iba a ganar y venció con comodidad en la final.
...la persona que elige la colección urbana de Nike para Latinoamérica. Viajaría al menos tres veces por año, su mes por lo menos, a Nueva York y Europa en busca de las últimas tendencias deportivas urbanas. Recorrería las tiendas y calles de las ciudades, fijándome en zapatillas, poleras, polerones y un sin fin de cosas. Obviamente estaría auspiciado por Nike y me codearía con las más grandes estrellas pertenecientes al conglomerado multinacional.
Reportero de la Rolling Stone. Pasaría en todos los conciertos que se me ocurrieran y vería música en vivo gratis. Disfrutaría de los mejores sonidos contemporáneos y viviría rodeado de la efervescencia que se gesta en una presentación en vivo. Entrevistaría a los mejores músicos y tendría conversaciones con y sin sentido musical. Tendría una colección gigantesca de discos que me regalarían los artistas, con tal de que les haga una revisión y se los publique en la revista.
Futbolista. Estaría en Europa jugando en las mejores ligas del planeta y enfrentando a los mejores defensas del mundo. Manejaría un automóvil último modelo y saldría con una maniquí internacional. Llevaría los pantalones abajo por el peso de los billetes en mis bolsillos. Cada vez que visitaría Chile juntaría a mis amigotes y armaría un carrete sin límites. Además, ellos se aprovecharían de mi fama y atinarían con mis groupies (Ley del chorreo).
Adicto a la pasta base. Vagaría por las calles buscando dinero para conseguir más droga. Mi madre sufriría en casa porque le sacaría su plata, joyas, televisor, cocina, dvd, cama y cualquier producto de valor, para empeñarlo por pasta base. Mis amigos serían igual de angustiados que yo y la ceniza sería el bien más preciado que recolectar.
Antropólogo. Pasaría limpiando y buscando huesos o artesanías porque mi rama favorita sería la arqueología. Encontraría el dinosaurio más grande de la historia de la humanidad en un cerro de Puente Alto. A este último lo bautizaría como Chorizo Hampón. Tendría mejor look que el mismo Indiana Jones y salvaría a muchas más mujeres.Recuerdo exactamente el día que te conocí.
Cualquier persona normal hubiera terminado la noche a eso de las 05.00 am, pero con un par de amigos decidimos que todavía nos quedaba cuerda para rato. Llegamos a un after hour casero que estaba de lo más ameno. Luego de un par de copas y risas te vi cruzar la puerta. Venías acompañada de una amiga así que nuestra conversación tendría que fluir con naturalidad.
De un momento a otro, estabas sentada a mi lado riéndote de mis estupideces. Fomentabas mi borrachera mientras nos burlábamos de quienes nos rodeaban. Conectamos de inmediato nuestros gustos musicales y nos seguíamos riendo. Hundidos en un sillón bebiendo cerveza.
Con el ritmo de los chistes me bautizaste como Julio César. La ebriedad no me hizo comprender el concepto, pero de picado te nombre Cleopatra. Todo eso sucedía al mismo tiempo en que veíamos el cortejo del Macho Alfa con la Hembra Beta.
Nos despedimos con la idea de carretear en otra oportunidad. Por lo general, esas promesas son una ilusión momentánea bañada en alcohol y sazonada con adrenalina. Pero esta vez no fue así. Pasó el tiempo y nos enamoramos.
Ailoviusoumash
Hoy me dieron una noticia y la primera persona a la cual se la conté fuiste tú. Quizás caí en el entusiasmo y me emocioné demasiado con la buena nueva, cuando todavía no hay certeza de que ocurra. De hecho, pensando con la cabeza fría creo que las posibilidades de que parta por un período considerable son mínimas.
A pesar de que pueda odiarte, al punto de no querer ni siquiera divisarte… en el fondo sabes el cariño y el amor que siento por ti… y es que ese cariño va mas allá de un simple gesto de querer compartir mi tiempo y mis días contigo…también se trata de la complicidad que se ha generado entre tú y yo… de que juntos volvemos a ser niños, jugamos e imaginamos las más grandes historias. Contigo puedo jugar y juntos hacemos volar nuestra imaginación. Me dijiste: “soy el rey de las tonteras”, pero cada una de esas “tonteras” ha hecho que poco a poco me conquistes, como hoy cuando apareciste de la nada con una fresa y un chocolate… siempre rememorando nuestra historia… historia que hemos construido día a día… paso a paso… lentos… pero espero que sean seguros.
Sé que cuando me miras se nota que me quieres. Hasta cuando me miras con cierta cuota de odio tus ojos delatan el cariño que sientes por mí. Y eso se nota mucho más cuando te hablo y diriges tu mirada directo a la mía. Incluso, a veces las palabras están de más y nuestros ojos hablan por si solos. Los silencios hacen que nos compenetremos mucho más, porque no basta decir nada para que sepas todo lo que siento por ti. Eso me gusta. En cambio a ti te gustan otras cosas. Eres feliz cuando te consiento y te digo cosas lindas. “Dime algo lindo”, me dices cada vez que te digo que me voy a dormir. Pero yo prefiero ser la última voz que escuches antes de ir a dormir.
Después de una entretenida noche en el cumpleaños del papá de una amiga, nuestra borrachera, como es costumbre, nos hizo tomar una decisión equivocada. A lo largo de la celebración nuestros cuerpos se habían convertido en unos envases de alcohol, y para más remate, seguíamos bebiendo a destajo. La cosa es que estábamos varados en el interior de Pirque –donde no llega locomoción- y no teníamos cómo devolvernos a Puente Alto. Así que nos armamos de coraje y acordamos regresar a casa como simples peatones, eso si, con un litro y medio de ron cola en un linda botella de Coca-Cola.
Salimos de la entrada de la casa –un kilómetro como mínimo- y llegamos a la calle principal. Nuestra borrachera no nos hizo darnos cuenta que atrás nos seguía una camioneta de carabineros, por lo que los brindis con la botella de combinado eran de año nuevo en Valpo. Pero eso no les hizo gracia a los pacos. Repentinamente escuchamos la bocina y dijimos al unísono: cagamos. Los señores de verde se bajaron de su camioneta y nos pidieron nuestra cédulas de identidad. Mi estado etílico me condenó al fracaso, ya que fue imposible encontrar mi carnet y me subieron raudamente a la zapatilla. Pero los pacos fueron tan despistados como nosotros y no se dieron cuenta que subí conmigo el litro y medio de ron. Gordura no quiso quedarse solo en algún camino de Pirque y decidió asegurar que tampoco tenía carnet, así que al cabo de 1 minuto me hizo compañía. El trío de carabineros nos informó que nos llevarían a la comisaría de Puente Alto para consultar nuestro antecedentes. Nosotros felices, porque nos acercarían a nuestra respectivas moradas. El plan iba perfecto. Camino a casa, seguridad policial y tomándonos un roncito en la zapatilla de los pacos.
Nos fuimos a una plaza del barrio para bajar la cebada. Pero el exceso de alcohol nos pasó la cuenta y terminamos durmiendo en el pasto de la misma plaza. El viento perdió mi lindo jockey y el sol nos achurrascó.
Un brindis por ti Adolfita. Porque todavía creo en el amor.
Recuerdo con exactitud el día que nos conocimos. Yo llegaba con 14 años a un nuevo colegio, luego de la expulsión de otra escuela. Pero este colegio estaba casi a 40 minutos de mi casa, lo que significaba largos viajes diarios para ir a estudiar. Cuando llegué a la puerta de mi nueva morada educacional el portón estaba cerrado, así que me quedé esperando afuera. De pronto veo a un joven flaco, alto, con bigotes de adolescente, melena de perro con lepra y una mochila de niño. Apenas lo vi, me dije a mi mismo: “Conozco a este weón”. Creo que Juancho pensó lo mismo, porque cuando me vio, hicimos casi al mismo tiempo el típico gesto de movimiento de cabeza al momento de saludar a alguien.
¿Anécdotas con el Narigón? Millones. Me acuerdo cuando nos íbamos en la 352, que se iba por Pedro de Valdivia, la tomábamos porque nos gustaba irnos sentadito. Esa vez no sentamos en la última línea de asientos, es decir, aquella que se encuentra inmediatamente después de la puerta. Yo iba sentado en la ventana, Narigón siempre me dio ese asiento porque sabía que soy un poco maniático, y él al lado mío. Justo la micro estaba detenida y la puerta estaba abierta. Repentinamente pasan dos flaytes por abajo y uno se encarama a la puerta y tira un escupitajo directo a la cara del Juancho. El cuma vio que le había atinado y se bajó cagado de la risa, sin que nosotros pudiéramos hacer nada, ya que la micro había partido. Veo al Narigón y observo como tenía en su cara un asqueroso pollo verde. Juro por mi vida que era el escupo más grande que he visto en mi vida y el pobre Juancho lo había recibido de pleno en su rostro. Menos mal que no tenía la boca abierta. Por los mechones de su melena caía el pollo verde y bajaba por sus ojos y gran nariz. Mi reacción en vez de pasarle un pañuelo o algo para que se limpiara fue muy disímil, y me cagué de la risa. Tuve un ataque de carcajadas que no podía parar. Sacó hojas de un cuaderno y se empezó a limpiar. Yo no paraba de reír. Me prometió nunca contar el episodio. Lo siento amigo, pero han pasado 10 años y no podía seguir con esto atragantado. Y estoy seguro que fue lo mismo que pensó el flayte cuando te tiró el pollo.